Pautas de intervención educativa ante niños problemáticos

Muchos monitores y monitoras se preguntan: cuáles son las pautas de intervención educativa básicas para controlar niños/as y adolescentes de esos que «no sabemos que hacer con ellos»: no escuchan nunca, estorban el trabajo de los compañeros, se les cae lo que estaban tocando y se rompe…

A menudo, también, nuestra respuesta a su comportamiento es avisarlos, volverlos a avisar, hacer algún grito, regañarlos, castigarlos, pero «no podemos dominarlos».

Es en estos momentos cuando nos replanteamos cuál debería ser nuestra intervención, qué cosas estamos haciendo bien y cuáles no tan bien.

EL REFUERZO

EL CASTIGO O REFUERZO NEGATIVO

El castigo es el intento de la persona que educa de cambiar la conducta de los otros mediante consecuencias adversas, como las amenazas verbales, negar a los niños y niñas actividades con las que disfrutan…

El castigo puede ser un medio efectivo para controlar la conducta, si va unido al mensaje de afecto que le llega al niño/a. Pero también debemos saber que el castigo produce el efecto que tiene de frenar la indisciplina del niño/a por un tiempo corto, pero no produce un cambio de conducta duradero. Solo para temporalmente la acción que se castiga.

Para que sea efectivo es necesario evitar la posible escapatoria del sujeto, por lo tanto el castigo debe ser rápido y que se vea claramente que es la consecuencia de una conducta; debe tener una intensidad proporcionada al hecho cometido y debe ser combinable con estímulos positivos a la respuesta alternativa.

A pesar de tener unas ventajas, y más si está bien aplicado, tiene consecuencias negativas que generan evasión-inhibición o habituación-generalización y desprestigio ante los compañeros/as; puede afectar la autovaloración, la valoración del educador y de la relación con él, etc.

actitudes negativas
Tomar actitudes negativas (gritar, amenazar. ..), produce efectos contradictorios a los que nos proponemos

LA MOTIVACIÓN O REFUERZO POSITIVO

Si bien el castigo puede producir efectos contradictorios a los que nos proponemos, la motivación facilita el aprendizaje de nuevos comportamientos. Aprenderá mejor si el comportamiento está recompensado o reforzado, es decir, si conduce a la satisfacción de sus necesidades.

POR LO TANTO
Como regla de oro, podemos afirmar que es mucho más efectivo el refuerzo positivo que el negativo o el castigo, que siempre debemos actuar queriendo «trabajar» la conducta del niño, y nunca «descargar» nuestro primer impulso, nuestra agresividad. Debemos aplicar los estímulos y consecuencias pensando siempre en lo que es bueno para el niño.

En este sentido es fundamental la actitud que muestra y que tiene el educador ante cualquier hecho. Un monitor que suele tomar actitudes negativas (gritar, amenazar. ..), es un excelente modelo de estas mismas conductas. Y contrariamente, todos los monitores y monitoras positivas facilitan y positivizan todo lo que les rodea. Debemos tener siempre presente que las respuestas que damos pueden ser verbales, pero que también hay respuestas no verbales que pueden tener efectos tanto o más negativos como las primeras. Deberíamos intentar fomentar los refuerzos (premios) que están encaminados a aumentar el afecto y la autoestima hacia las personas y disminuir los refuerzos (premios) que están encaminados a la consecución de objetos materiales.

actitudes positivas
Reconocer los aciertos ayuda en tus conductas con los niños/as

Por eso queremos destacar que la motivación positiva de un niño o joven dependerá de las respuestas que nosotros damos a sus necesidades. Esta es una de las pautas de intervención educativa más importante.

RASGOS BÁSICOS DE LOS MONITORES/MONITORAS POSITIVOS

  1. Resaltan más lo positivo que lo negativo, más los aciertos que los errores. Cualquier persona tiende a superarse más, si tiene la suerte de convivir con otras personas que principalmente valoran sus puntos positivos.
  2. Las personas positivas valoran mucho más el esfuerzo que los resultados.
  3. Reconocen a menudo los aciertos de los otros, y eso proporciona alegría y hace aumentar la autoestima, al comprobar que causamos satisfacción a las personas que nos quieren.
  4. Siempre siguen confiando en los niños/as y Adolescentes, aunque en este momento no den muchos motivos de esperanza. Suelen animar diciendo «adelante: sé que lo puedes conseguir». Este hecho es muy importante ya que las predicciones que hacemos de los otros se tienden a cumplir.
  5. Saben descubrir y fomentar las cualidades, los puntos fuertes de los otros.
  6. Saben mantener con el resto del grupo relaciones recíprocas basadas en dos actitudes fundamentales: el saber dar y el saber recibir. A los niños/as se les debe dar mucho, pero al mismo tiempo se les debe enseñar que también ellos deben ofrecer muchas cosas: deben ayudar; colaborar y participar.
  7. Favorecen la expresión de sentimientos, con una actitud tolerante y comprensiva.
  8. Saben escuchar. Antes de hablar y aconsejar, escuchan con atención y empatía. Evitan las críticas y desechos. No interrumpen. En cambio, hay algunos educadores que hablan mucho (consejos, recomendaciones, críticas) y escuchan poco.

Una técnica muy humana

Quizás estas pautas de intervención educativa pueden parecer un repertorio para convertir al niño en un autómata, puede parecer un reduccionismo excesivo, pero la disponibilidad del espacio y el querer dar unas pautas bien claras traicionan una técnica que se basa en la racionalización de unas fuerzas y mecanismos no conscientes, pero que son los que nos mueven, nos hacen actuar y nos hacen aprender habitualmente.

Además la explicación de estas técnicas no quiere decir que el fin justifique todos los medios a emplear, entre otras cosas porque «resolviendo» el problema de una conducta podemos crear de otras.

El monitor y la monitora, o cualquier persona que quiera tener influencia sobre los otros, parte de un modelo de hombre, de una antropología; cualquier acción en este proceso educativo no puede salir de estos planteamientos.

Estas pautas para intervenir en la conducta de los niños y adolescentes nos deben servir para habituarnos a sistematizar los problemas, a no hacer libres interpretaciones y trabajar operativamente para su resolución.

Esta es la tarea del monitor/a que, además, es consciente de sus limitaciones y, por tanto, deja en manos del profesional las cuestiones dudosas de aportar un beneficio a la persona: niño, adolescente o joven.


Fuente: "Per educar en l'esplai"
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Ilias Hajani

Ex monitor de Ocio y tiempo libre del Centro de Esplai Lluís Maria Chanut (Badalona). Los 7 años de mi experiencia como monitor de tiempo libre me han animado a abrir esta página para recordar los viejos tiempo y ayudar en lo que haga falta.

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